En la mitología, el macho cabrío estaba asociado a la lujuria y a la indecencia, considerándolo un animal impuro e insinuando toda clase de vicios. El diablo es el chivo expiatorio al que echamos la culpa de nuestros problemas. Habita en el reino más inaccesible dels subconsciente. Solo una crisis puede romper el muro para penetrar en su cámara secreta. Los relámpagos bailarines del volcán a su alrededor indican la posibilidad de sacudirse las cadenas del vicio. Ser esclavo del diablo, en definitiva, es una cuestión voluntaria de la que la consciencia se puede librar. En el aspecto negativo, la influencia que tiene sobre los demás le permite triunfos, manipulaciones y nos indica inconstancia, egoísmo, debilidad, libertinaje, fracasos, desengaños y decepciones.